Las excusas están siempre al alcance de la mano: "yo no voy a necesitar", "cuando le suceda algo a mis seres queridos, lo voy a hacer", "no tengo tiempo", "no sé adónde hay que ir", "¿y si me contagio de sida?". A menudo se escucha decir que es uno de los actos solidarios más nobles, pero en la mayoría de los casos, pocas veces se hace realidad, excepto cuando situaciones familiares nos obligan. La donación de sangre es fundamental para que otras personas puedan seguir viviendo.
El 9 de noviembre se recordó el Día Nacional del Donante Voluntario de Sangre. La ley 25.936, promulgada en septiembre de 2004, impulsa un cambio cultural y de concientización de la población, incorporando esta práctica como habitual, voluntaria, solidaria y anónima, con la única finalidad de beneficiar a quien lo necesita. Según las estadísticas, en la Argentina se necesitan 1,5 millón de donantes por año.
En la conmemoración de la fecha, la Universidad Nacional de Tucumán y el Sistema Provincial de Salud (Siprosa) firmaron un convenio por el cual la casa de altos estudios se compromete a triplicar la cantidad de dadores de sangre RH negativa en el ámbito académico. El 7% de los tucumanos posee ese factor que es el más difícil de conseguir. Sólo un 14% de la población es donante voluntario y más del 80% es donante dirigido, es decir, que dona cuando tiene un familiar que requiere sangre con urgencia. "Donar sangre no enferma, no engorda, no hace mal, al contrario nos hace más solidarios y mejores personas", dijo el ministro provincial de Salud.
El proyecto "Donar sangre, un gesto solidario, una responsabilidad social" tiene por objetivo informar y generar conciencia en el ámbito universitario sobre la importancia de donar sangre.
La Organización Mundial de la Salud se fijó como objetivo que, a más tardar en 2020, todos los países obtengan su suministro de sangre de la donación voluntaria no remunerada. Hace nueve años, 39 países obtenían el líquido vital de dadores en esta condición; en 2008, esa cifra había aumentado a 62. Como se sabe, puede donar toda persona, de entre 18 y 65 años, que pese más de 50 kg. Es fundamental no presentar ni haber padecido ninguna enfermedad transmisible a través de la sangre. Para verificar la aptitud del donante, se analiza la sangre y se realiza una entrevista personal y confidencial.
En San Miguel de Tucumán, funciona desde 1955, la Asociación de los RH (-) que hasta el año pasado contaba con 591 socios, de los cuales 296 eran activos, es decir que podían dar sangre en un universo de 91.000 comprovincianos con ese grupo sanguíneo.
Ello está reflejando la escasa conciencia de los tucumanos de solidarizarse con el prójimo. Por esa razón, nos parece positivo este convenio entre la UNT y el Gobierno. El éxito del programa dependerá de la continuidad en el tiempo.
Además, sería muy importante que el Gobierno empezara por casa y que en el ámbito educativo de su dependencia, se inculcara la necesidad de donar sangre como un acto de vida y de solidaridad. Si desde la temprana infancia se lo hiciera, seguramente este gesto tan noble sería vivido sin miedo y en forma natural. Si la confianza en los demás y la solidaridad están en baja en nuestra sociedad significa que hay que apostar a la educación para recrear los valores éticos y humanos que se hallan en retroceso.
El 9 de noviembre se recordó el Día Nacional del Donante Voluntario de Sangre. La ley 25.936, promulgada en septiembre de 2004, impulsa un cambio cultural y de concientización de la población, incorporando esta práctica como habitual, voluntaria, solidaria y anónima, con la única finalidad de beneficiar a quien lo necesita. Según las estadísticas, en la Argentina se necesitan 1,5 millón de donantes por año.
En la conmemoración de la fecha, la Universidad Nacional de Tucumán y el Sistema Provincial de Salud (Siprosa) firmaron un convenio por el cual la casa de altos estudios se compromete a triplicar la cantidad de dadores de sangre RH negativa en el ámbito académico. El 7% de los tucumanos posee ese factor que es el más difícil de conseguir. Sólo un 14% de la población es donante voluntario y más del 80% es donante dirigido, es decir, que dona cuando tiene un familiar que requiere sangre con urgencia. "Donar sangre no enferma, no engorda, no hace mal, al contrario nos hace más solidarios y mejores personas", dijo el ministro provincial de Salud.
El proyecto "Donar sangre, un gesto solidario, una responsabilidad social" tiene por objetivo informar y generar conciencia en el ámbito universitario sobre la importancia de donar sangre.
La Organización Mundial de la Salud se fijó como objetivo que, a más tardar en 2020, todos los países obtengan su suministro de sangre de la donación voluntaria no remunerada. Hace nueve años, 39 países obtenían el líquido vital de dadores en esta condición; en 2008, esa cifra había aumentado a 62. Como se sabe, puede donar toda persona, de entre 18 y 65 años, que pese más de 50 kg. Es fundamental no presentar ni haber padecido ninguna enfermedad transmisible a través de la sangre. Para verificar la aptitud del donante, se analiza la sangre y se realiza una entrevista personal y confidencial.
En San Miguel de Tucumán, funciona desde 1955, la Asociación de los RH (-) que hasta el año pasado contaba con 591 socios, de los cuales 296 eran activos, es decir que podían dar sangre en un universo de 91.000 comprovincianos con ese grupo sanguíneo.
Ello está reflejando la escasa conciencia de los tucumanos de solidarizarse con el prójimo. Por esa razón, nos parece positivo este convenio entre la UNT y el Gobierno. El éxito del programa dependerá de la continuidad en el tiempo.
Además, sería muy importante que el Gobierno empezara por casa y que en el ámbito educativo de su dependencia, se inculcara la necesidad de donar sangre como un acto de vida y de solidaridad. Si desde la temprana infancia se lo hiciera, seguramente este gesto tan noble sería vivido sin miedo y en forma natural. Si la confianza en los demás y la solidaridad están en baja en nuestra sociedad significa que hay que apostar a la educación para recrear los valores éticos y humanos que se hallan en retroceso.